Miro entre fotos viejas, reflejos de mi niñez, instantes inmersos en momentos alegres y únicos. Contemplo entre lágrimas una vida ausente. Cuanto extraño tu presencia Madre Mía, anhelo tu cálida mirada y la fuerza que te hace mujer, única y eterna, ese ejemplo que me convirtió en el hombre que hoy recorre un destino en tierras lejanas. Recuerdo con un profundo dolor cuando soltaste mi mano y con voz temblorosa dijiste: “Hijo continua, este país no tiene un futuro y con un sentido de soñador y cobardía, tuve que poner la vida en una maleta con la esperanza de que tus lecciones y mis convicciones fuesen suficientes para vencer las adversidades, la indiferencia. El peso de ser extraño, sin importar a donde llegase, me refugio en esa calidez. Simplemente te amo. Ya han pasado varios meses y observo el caos con impotencia, imaginándote luchando cada día con los obstáculos, caminando entre pasos lentos guiados por la vejez, las dificultades de una pr...
Tus labios encierran un encanto que deseo descubrir, un placer solo se describe en sensaciones. He soñado con las caricias que solo son capaces de dibujar, moviéndose en el espacio infinito de mi piel, llegando a los lugares prohibidos. Contemplandote en la distancia aprendo que lo mejor de querer es dejar que el amor crezca y florezca, que las sonrisas son el mejor recuerdo y es necesario sentirse así, vivir así. Escribo esta carta como testimonio de quién soy y que mi amor es un mar de sensaciones que solo deben ser recorridas por la seducción intensa de tus labios. " No necesito razones complejas para amarte, solo con sumergirme en ti aprendo que en el amor es la sensación más intensa de vivir "