Durante nuestra vida estamos en constante aprendizaje, cada hora, cada instante es una oportunidad para reconocer nuestro espacio en el mundo, poniendo en perspectiva todo lo que somos, entendiendo que el mayor valor reside en el cariño y el amor que nuestros amigos y familiares nos han entregado durante muchos años.
Esos sentimientos y efectos, puros nos crearon recuerdos únicos e inigualables. Permitiendonos afrontar circunstancias difíciles y complejas, sosteniendo nuestras cargas en hombros cercanos, junto a un abrazo y una sonrisa en la cual sumergirnos cuando las lagrimas dominaban nuestro sentir.
Estoy agradecido con la vida por otorgarme el mayor regalo, la amistad y el amor de unas mujeres maravillosas que me han enseñado que la belleza trasciende lo físico y se manifiesta en el alma.
Su sencillez y candidez, avivan en mi sentimientos infinitos que me inspiran estas palabras. Se han convertido en mis sueños y en mis fortalezas, verlas crecer y aprender de la vida me inundan de una alegría y plasman una sonrisa inexplicable en mi rostro.
Nos toco soportar una carga difícil y somos los pilares de una gran familia, pero henos aquí aprendiendo que en medio del dolor podemos abrazarnos y dejar que las penas se vuelvan pasajeras.
La familia es un regalo eterno y sin duda somos bendecidos por contar el uno con el otro, entendiendo las enseñanzas que cada uno aporta en nuestras vidas.
“La vida es una historia eterna con miles de paginas y capítulos, cada uno formado de sueños propios y ajenos, nos convierten en seres capaces de iluminar el mundo u oscurecerlo. Comprendiendo que lo hermoso de vivir, es compartir y conocer a seres únicos que nos demuestren que un “Te quiero” es eterno y que la distancia ni el tiempo apagan el amor de los corazones sinceros.
Agradezco a Dios por estas bellas mujeres, a quienes puedo llamar mi familia y que les debo mi presente y gran parte de mi pasado”
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