Fui egoísta al amarte, permitiendo que mis miedos superaran el amor que profundamente sentía por ti. Mi alma se arropa en el abrigo del olvido, en el desierto que he construido con mi soledad. No fui capaz de reconocer el profundo amor que me profesaste y que en medio de mis inseguridades aparte de mi presencia.
Deje pasar la oportunidad de sonreír a tu amanecer. Consagre mi espíritu al lamento, asumiendo un papel de victima, perdiendo las batallas intensas del corazón.
Espero que el tiempo me perdona, porque ya tu presencia no habita en mi universo, las llamadas no alcanzan la distancia inmensa que has sembrado en mi ser.
Me muero por explicarte los pensamientos intensos productos de la culpa, como deforme que moldee directamente con mis manos indiferentes a tu realidad. Recuerdo como leías mi consciencia, otorgándome el derecho de ser feliz.
Te quiero y te querré por la esencia sublime de amar y consagrar tu alma a mis recuerdos. Mis pensamientos siempre tendrán la semilla que has germinado en mi sentir, porque simplemente no se olvida a quien nos conmueve eternamente.
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