Para sonreir no se necesitan razones, para vivir no son validas las excusas y mucho menos para amar y entregar el corazón un alma que te arropa con una fuerza inmensa, un sentimiento que te inunda y sumerge entre mares de pasiones.
Aprendí a quererte en el albor de mis mejores años, cuando tu inocencia consumió mi alma, fue el origen perfecto del amor juvenil cuando recorríamos como niños junto a ilusiones que nos parecían reales y a la vez imperfectas.
Nos apoyamos en el dolor y entendimos que el amor tiene cabida aun en la desgracia, si trabajamos juntos seremos capaces de valorar el ahora.
Si escuchamos mas alla de las voces, aprenderemos que el mundo necesita de nosotros, que podemos aprender que sonreir es necesario, que amar es vital y que los sentimientos son autenticos aun en el tiempo.
Es en el tiempo cuando aprendemos que podemos sobrevivir a los miedos y construir un mañana mejor, apoyados en la voluntad de aquellos que edificaron un mundo para nosotros.
Gracias por traer a mi existir el valor del amor sincero, por entender que podemos amar mas allá de la infancia, que los sentimientos perduran cuando se construyen relaciones sinceras y firmes.
Liseth Farreras
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